Construir, trabajar, habitar, pensar, sentir… discurso heideggeriano que retoma hoy vigencia integral de la “lógica de vivir” en el origen del pensamiento arquitectónico del espacio doméstico.
El “locus” como fuente de inspiración y los vestigios arquitectónicos de la historia presentes en Pablo Aranda dan forma a un valioso legado a preservar, base del nuevo proyecto residencial de alto standing en el corazón del viso madrileño.
Equilibrio, articulación e integración serena de arquitectura y pulmón verde de extraordinario valor urbano, definen una intervención silenciosa y sensible, de lenguaje contemporáneo y armonía en la iconografía metropolitana.
Vidrio, piedra, hormigón, madera y acero conforman la paleta de color de las formas. Funcionalidad y lógica constructiva, consecuentes con los mejores ejercicios de composición volumétrica, dan paso a una arquitectura sencilla y geométrica, esencial y tectónica, basada en la disciplina y expresividad de sus materiales y volumetría.
El respeto a la tradición y la elegancia de las nuevas formas otorgan carácter propio a un lenguaje innovador, preciso y de gran nobleza constructiva. Una vez más están presentes los postulados racionalistas de las años 50 a 70 y el fundamentalismo constructivo de neutra o mies, o la referencia a artistas como Oteiza o Chillida en una pretendida integración de las artes plásticas en la continuidad de los espacios.
La austeridad y nobleza de aquellos, al servicio del hogar reviven los postulados del “menos es más” de mies convirtiendo de nuevo el hábitat en auténtico germen de investigación intelectual. Sencillez compositiva y desnudez volumétrica dan paso a un sutil y elegante concepto de continuidad espacial donde intuición y razón elaboran un discurso doblemente poético y funcional.
Volúmenes verticales y horizontales disuelven con naturalidad los límites entre interior y el exterior y dotando a todas las viviendas de jardines y espacios naturales fuertemente vinculados al paisaje que los envuelve, a sus luces y sombras.
El lenguaje cúbico del palacete armoniza con una volumetría de lienzos horizontales puros y amables hacia la calle, que desdibujan el antiguo contenedor y favorecen la integración en el paisaje como eco de la pregnante presencia del jardín preexistente.
Así, la articulada integración de lo construido y el paisaje se convierte en un concepto integral del proyecto, entre el espacio natural y las nuevas áreas vivideras, base de unión de la macla de volúmenes y la cubierta ajardinada y lúdica de excepcional panorámica. Se acentúa la horizontalidad y el escalonamiento que enmarca la vegetación aterrazada.